El Mar del Sur

En menos de cien años, españoles de mar y tierra convitieron el mayor vacío cartográfico del planeta en un concepto geográfico definible. Un espacio redefinido por los navíos que lo surcaron, estelas que unieron tres continentes y cambiaron para siempre la faz de la Tierra.

Mas de veinte años después del descubrimiento del nuevo continente, el mar del otro lado que se estaba buscando, fue por fin encontrado. El 25 de septiembre de 1513, marVasco Nuñez de Balboa descubrió el Océano Pacífico y confirmó lo que ya era algo más que una intuición: un nuevo océano se extendía entre las tierras americanas recién descubiertas y los confines de Asia.

Balboa, natural de Jerez de los Caballeros (Extremadura), había nacido en 1475 y era de familia hidalga venida a menos. Su padre Nuño Arias de Balboa, de origen leonés, tuvo cuatro hijos. De su madre no hay información. En 1501, con 25 años, estudios básicos, dominio de la esgrima y mucha ambición, se embarcó hacia América con el mercader de Sevilla Rodrigo de Bastidas, quien se había asociado con el cántabro Juan de la Cosa, gran marino, piloto y cartógrafo, autor del primer mapa de América.

Después de participar en varias expediciones llenas de vicisitudes desde La Española a Tierra firme, el 23 de diciembre de 1511 la Corona le nombró ueber
Gobernador y Capitán de “la provincia del Darién“. Balboa, había fundado en 1510 la colonia de Santa María la Antigua del Darién (Colombia), primera ciudad europea en el continente americano y había asumido la alcaldía del pueblo.

Balboa mejoró las relaciones con los indios, tratándolos bien, haciéndose amigo de los caciques, prohibiendo que los esclavizaran. Impidió que sus 300 hombres saquearan a los indígenas; no repartió las tierras ni impuso, tributos, ni eliminó o degradó caciques. Así logró conseguir de ellos ayuda y alimentos. Hizo que los españoles sembraran maíz y yuca y criaran un animal que habían traído de España, el cerdo. La ciudad prosperó mucho, y durante bastantes años llegaron nuevos colonos y exploradores.

En sus exploraciones por el istmo de Panamá, en 1511 y 1512, había llegado a la comarca de Cueva, entrevistandose con su cacique Careta, a quien pidió alimentos. Este inicialmente se los negó y entonces Balboa lo apresó. Mas tarde se hizo amigo de Balboa, recibiendo el bautismo cristiano y pactando una alianza con los castellanos que aseguró la subsistencia de la colonia, ya que el cacique prometió suministrarles alimentos. A cambio los españoles le ayudarían en su guerra contra un cacique enemigo llamado Ponca y le entregarían productos de hierro, metal desconocido en el continente americano y que se convirtió rápidamente en objeto de prestigio para los indígenas. Para sellar la alianza, Balboa tomó “como si mujer legítima fuera” a la hija del cacique Careta. Núñez de Balboa prosiguió su conquista llegando a las tierras del vecino y rival, el cacique Ponca, y éste huyó de su comarca hacia las montañas, dejando sólo a los españoles y a los indígenas aliados. Poco después, fue hacia los dominios del Panamá-Mapa1cacique Comagre, territorio fértil pero muy salvaje, aunque cuando llegaron fueron recibidos pacíficamente a tal punto que fueron invitados a un agasajo; de igual manera Comagre fue bautizado. Allí escuchó por primera vez de la existencia de otro mar por parte de Panquiaco, hijo mayor de Comagre, donde contaba que había una población tan rica que utilizaban vajillas y utensilios en oro para comer y beber. La noticia inesperada de un nuevo mar y tesoros por esa zona, fue tomada muy en cuenta por Vasco Núñez de Balboa, quien volvió a Santa María para preparar una expedición.

Pertrechado con hombres de refresco, emprendió la aventura definitiva hacia el mar del Sur. (El Darién es un territorio selvático de aproximadamente la misma superficie que Badajoz). La expedición, partió de Santa María el 1 de septiembre de 1513 con 190 españoles, con los cuales debía atravesar una selva y una abrupta cadena montañosa. Llevaba como lugarteniente a Francisco Pizarro y algunos perros, entre ellos Leoncico, tan buen luchador que ganaba para Balboa más soldada que un arcabucero; el animal moriría envenenado. Hizo por mar la pequeña travesía hasta Careta donde se le unieron 1000 indios y donde dejó más de la mitad de sus hombres Balboa_Voyage_1513--644x344--440x344asentados en un real, partiendo por tierra con sólo 92 soldados y dos sacerdotes. Tras dos días de marcha por la selva alcanzó Ponca. Mandó llamar a su cacique y le interrogó sobre la ruta que debía seguir. Este trayecto fue el más duro del viaje. Tardaron en cubrirlo 5 días, dado lo abrupto del mismo. Atravesar el istmo en época de lluvias enfermó a muchos, pero Vasco no se echó para atrás. Siempre al frente, era el primero en abrir trochas, atravesar ríos, socorrer al soldado herido e infundir ánimos al que desfallecía. El paso por el istmo de Núñez de Balboa, lo resume de este modo el escritor Méndez Pereira: “Rendidos de cansancio y de angustia, el cielo parecía abrirse en cataratas de lluvia, el viento desgarraba las hojas y las ramas, retumbaba el trueno con ecos quejumbrosos, que la selva repetía hasta el infinito. Pero había que avanzar, avanzar siempre, hasta que llegara la noche con el espanto de las fieras, el sonido espeluznante de la serpiente cascabel, las picadas de los insectos, la algarabía de los monos aulladores”.

Se abrieron paso finalmente entre la espesa selva tropical, dejando en el mapa-ruta-balboacamino decenas de compañeros muertos y heridos. Al llegar a Quareca, envió a retaguardia algunos enfermos. En esta tierra su cacique, llamado Torecha, era enemigo de Ponca y tuvieron un combate con los indios. Les vencieron, cruzaron el río Chucunaque y finalmente llegaron cerca de su objetivo el 24 de septiembre. Ese mismo día tuvo informes, sin lugar a dudas, de que la montaña que se levantaba por el lado occidental, en este valle dilatado y fértil de Quareca, era la última barrera para llegar al mar del sur. Balboa estableció otro nuevo real de apoyo con 15 hombres y partió con el resto, 65 soldados y el clérigo, hacia la cumbre de la Cordillera. Abandonó Quareca el 25 de septiembre a las seis de la mañana dispuesto a subir hasta la cima de las montañas aquel mismo día. Lo logró en unas cuatro horas. Hacia las 10 de la mañana los guías le indicaron el lugar desde el cual podría ver la otra mar. Núñez de Balboa se adelantó al resto de la expedición y en la cima de la cordillera logró ver en el horizonte las aguas del nuevo mar, avistando una enorme extensión de agua. Gonzalo Fernández de Oviedo añade: “Hincó ambas rodillas en tierra y dio muchas gracias a Dios por la merced que le había hecho en le dejar descubrir aquella mar, y hacer en ello gran servicio a Dios y a los Católicos y Serenísimos Reyes de Castilla”. Cortaron un árbol para hacer una enorme cruz cuyos brazos parecían querer abarcar los dos mares. El padre Andrés de Vera entonó un tedeum, y el escribano Andrés de Valderrábano escribió los nombres de quienes allí llegaron. Son los 67 de la fama.

Aunque la fecha oficial ha sido hasta ahora la del 25 de septiembre, lo cierto es que el avistamiento de la Mar del Sur parece ser que fué dos días más tarde, el 27. Existen al menos cuatro fuentes dignas de crédito que así lo atestiguan: dos estadounidenses, la biógrafa de Balboa Kathleen Romoli y el geógrafo Carl Sauer y dos españoles, la profesora Carmen Mena y Luis Blas Aritio, autor del ultimísimo y más exhaustivo libro sobre el conquistador.

Los españoles descendieron hasta la costa y acamparon en Chape, cuyos habitantes huyeron. Balboa mandó llamar a los que habían quedado en Quareca. Cuando todos estuvieron reunidos, el 29 de septiembre, fiesta de San Miguel Arcángel, preparó la ceremonia de la toma de posesión. Seleccionó a 26 hombres y partió con ellos hasta la misma orilla del mar. Todos lucían sus mejores galas de combate; corazas, cascos, plumas y llevaban en vanguardia un estandarte con la imagen de la Virgen y las armas de Castilla. Al llegar a la orilla, que estaba 1380041626_164129_1380109754_noticia_normalllena de fango por la marea baja, se sentaron en unos manglares y esperaron hasta que subiera la marea y el agua tuviera profundidad. Entonces, el capitán Nuñez de Balboa, con su yelmo y su coraza, se adentró en la mar hasta las rodillas. Cogió el estandarte con una mano y la espada con la otra. Levantó la voz para decir “..a los muy altos y poderosos reyes don Fernando e doña Juana, Reyes de Castilla e de León, e de Aragón, etc. en cuyo nombre e por la corona real de Castilla tomo e aprehendo la posesión real e corporal e actualmente destas mares e tierras, e costas, e puertos, e islas australes…” Al nuevo océano lo denominó oficialmente La Mar del Sur, ya que en relación con el mar Caribe se le apareció situado al Sur. Tambien bautizó al golfo donde llegó la expedición como San Miguel, porque fue descubierto el día de San Miguel Arcángel, 29 de septiembre.

Hay que destacar en la figura de Vasco Núñez de Balboa la presencia de «una mujer extraña, dotada de una belleza singular y de un espíritu sutil y delicado». Era Anayansi, hija del cacique Careta, quien robó el corazón de Núñez de Balboa,  y «quien había logrado imponerse al vencedor de los suyos». Le había dicho a Balboa el secreto revelado por su hermano, de que Santa María La Antigua sería atacada por sorpresa durante la noche con la intención de acabar con los 300 españoles radicados allí. Así destaca Méndez Pereira la influencia que esta indígena ejercía sobre Balboa: «Siempre que se trataba de proteger al indio, y sobre todo a la mujer, Balboa obraba bajo la influencia de Anayansi. Ella le había enseñado que no había diferencias fundamentales entre las dos razas, que las diferencias en las costumbres y los hábitos eran cuestión de ambiente y de grado de civilización más bien que de vicios o torpeza innata». Vasco Núñez de Balboa había sabido aliarse con algunos caciques, aunque tampoco dudó en enfrentarse con quienes se le resistieron. mar-del-sur

El nuevo mar fué conocido durante muchos años como Mar del Sur, Mar de Balboa o Mares del sur. Esta denominación coexistió indistintamente con la de Océano Pacífico hasta finales del siglo XVIII.

Unos años mas tarde, el navegante portugués Fernando de Magallanes, al servicio de la Corona de España, poniendo rumbo a las Molucas, descubrió al sur del Atlántico, el paso marítimo que lleva su nombre y se adentró en el nuevo océano que bautizó como “Pacífico”. Lo llamó asi por considerar tranquilas sus aguas respecto a las del  Atlantico Sur. Tres meses le llevaría cruzarlo de este a oeste, y aunque murió al llegar a las Filipinas, sus barcos alcanzaron por fin las ansiadas Molucas: el viaje y el destino imaginado por Cristóbal Colón.

Por un largo tiempo, El Mar del Sur se convirtió entonces en un viaje sin retorno para los españoles. Casi medio siglo después de la nao Victoria de Elcano, ninguno de los 18 barcos que se adentraron en el océano consiguió regresar a casa.  Las expediciones de Magallanes (1521), Jofre de Loaísa (1526), Saavedra (1527), Grijalva (1536) y López de Villalobos (1542) surcaron el Pacífico para conectar las costas americanas con las islas Molucas (la mítica fuente de las preciadas especias), las Filipinas, China y Japón. Pero hasta 1565 con Urdaneta no se pudo inaugurar la ruta de vuelta de Asia a América que seguiría durante siglos el galeón de Manila. Vientos y 250px-Océan_Pacifiquecorrientes habían cerrado hasta entonces el paso hacia América.
Felipe II había acudido a Andrés de Urdaneta, un viejo y experto marino superviviente de la expedición de García Jofre de Loaísa, para que viajara con Legazpi e intentara abrir la ruta de regreso. Desde Filipinas, Urdaneta navegó sobre la corriente de Kuro-Shio y, tras cuatro meses de viaje, arribó a Acapulco en 1565. El Mar del Sur desveló, entonces, un camino de ida y vuelta por el Norte.

Se habían alcanzado al fin las islas de las especias y con ellas una nueva certeza: “La Mar del Sur” era en realidad el mayor océano de la Tierra, el gran océano, el último refugio de mitos y leyendas. La tragedia y el éxito000772912 esperaba a los navegantes. Comenzaba la exploración del Océano Pacífico.
En pocos años los navegantes españoles no solo encontraron el paso hacia el Pacífico, sino que  escudriñaron sus vientos y corrientes, dibujaron gran parte de sus costas e islas y descubrieron las rutas que harían del abismo un océano navegable. Aún sobreviviendo algunos mitos y permaneciendo muchas incógnitas, a comienzos del siglo XVII el hombre concebía ya el Océano Pacífico como un concepto geográfico definible. El mundo se convirtió en un lugar conectado.

Abiertas las rutas de ida y vuelta en menos de cincuenta años, el Imperio español alcanzó su destino exhausto, hambriento y debilitado por la lejanía. Su poder se diluyó ante la solidez de las grandes potencias asiáticas, encontrando en el sorprendido universo isleño un refugio sobre el que nacería un nuevo enclave español.

Las naves, el arcabuz, la plata americana y la cruz, fueron los pilares sobre los que se levantó la presencia española en las islas del Pacífico. Luego vendrían la palabra y las ideas. Pero para entonces, el comercio y el Evangelio ya habían convertido a Manila en la puerta entre dos continentes.

Estas naves y esta ruta, conocida como “El Galeón de Manila”, desafiaron anualmente la inmensidad del océano en “el más largo y terrible de todos234576_korabl_galeon_parusnik_more_volny_nebo_oblaka_pejz_4288x2848_(www.GdeFon.ru) los viajes que se hacían por el mundo”, permitiendo un trasvase comercial y cultural entre tres continentes que cambió la forma del ver y entender el mundo. Durante los primeros 65 años del Galeón de Manila, los naufragios y pérdidas de barcos superaron a los viajes realizados con éxito. De algunos poco se sabe, de otros tenemos más referencias, como de los náufragos del Santa Margarita, barco hundido en las islas Marianas.

Aunque a partir de 1640 el levantamiento de cartas y derroteros, la formación de pilotos y el conocimiento del medio dotaron a los barcos de una fiabilidad inusitada para la época, la ruta no dejó de ser nunca una aventura náutica de enormes proporciones. La inmensidad del viaje, los temporales y el rico botín, acecharon al Galeón de Manila durante sus dos siglos y medio de existencia.

El hallazgo de la ruta del tornaviaje y el definitivo asentamiento en las islas La_ruta_del_Galen_NewFilipinas sentaron las bases de una ruta oceánica de ida y vuelta, que durante 250 años mantendría unidos Manila y Acapulco, extendería sus redes hacia otros enclaves americanos y culminaría con la llegada a Sevilla de los ansiados productos asiáticos.

Dos siglos y medio de un camino y unos barcos llenos de productos, armas y monedas, pero también de hombres, palabras e ideas que recorriendo los caminos oceánicos, arraigaron en sus destinos, propiciaron la interacción de pueblos y culturas y crearon lazos de unión que aun hoy perviven.

El tiempo traería  nuevos rumbos e inquietudes, pero las finas estelas que un día unieron dos océanos y tres continentes aún permanecen como ventanas en el espacio, recordándonos que un camino de ida y vuelta sobre la mar nos convirtió, a pesar de las distancias, en lo que hoy somos.

 

 

https://es.wikipedia.org/wiki/Mar_del_Sur

http://www.publicatepanama.com/eldescubrimientodelmardelsur.html

http://elpais.com/elpais/2013/09/24/eps/1380041626_164129.html

http://www.abc.es/historia-militar/20130222/abci-vasco-balboa-pacifico-201302211251.html

http://www.amautacunadehistoria.com/2010/05/el-descubrimiento-del-mar-del-sur.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Vasco_N%C3%BA%C3%B1ez_de_Balboa

http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=nunnez-de-balboa-vasco

http://www.mecd.gob.es/exposicion-pacifico/presentacion.html;jsessionid=040D57B254B89E432E57568FF7ABC6BF

https://es.wikipedia.org/wiki/Santa_Mar%C3%ADa_la_Antigua_del_Dari%C3%A9n

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