Hernán Cortés en Cozumel

Hernán Cortés es una figura histórica de primer orden, muy controvertida, pero sus hechos no pueden por menos que ser analizados en su contexto histórico ya que sin duda fué un hijo de su tiempo.

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Casa de Cortés en Cuernavaca

Juan Miralles, escritor mexicano dice en su  Hernán Cortés, inventor de México: ” Si se mira con cuidado, se advierte que entre todos los capitanes y soldados de Cortés que tuvieron un papel relevante, no figura uno solo que fuera analfabeto; se diría que allí iba lo mejor de Europa.  La personalidad de Cortés es compleja y contradictoria. Por un lado, el individuo que ama la violencia y gusta de emociones fuertes, pero que, como contrapartida, habla en voz baja y da órdenes en tono reposado, siendo excepcional que, en algún momento, llegue a perder la compostura. A diferencia de cualquier soldado, nunca blasfema ni profiere palabras altisonantes. Un bienhablado. Tenía thvena de poeta y versificaba con facilidad. Poseía un fino sentido del humor y resultaba un conversador ameno, pero esa exquisita sensibilidad no era óbice para que, llegado el caso, con la mayor frialdad cometiera crueldades espeluznantes. Era un hombre de gran cultura y había pasado muchas horas ejercitandose con las armas. Sus batallas las libró con la espada y con la pluma. Y como cualquier banquero del Renacimiento, muy emprendedor en materia de negocios y obras públicas. De esa vertiente de constructor daría posteriormente sobradas pruebas durante sus actuaciones en México. Cortés tenía aires de príncipe, solía vestir con elegancia sobria. Se hizo dar tratamiento de señoría. Era un elegante natural, que como un príncipe sin Estados, partía en busca de tierras donde reinar. Sobresalía como gran jugador, tanto de naipes como de dados. En lo concerniente a la bebida era sumamente parco. Podría hablarse de una extraordinaria capacidad para sufrir el dolor, el hambre, la sed, el cansancio y la falta de sueño. Por las noches rondaba por el campamento para comprobar que ningún centinela se hubiese dormido. En reiteradas ocasiones será él quién, mediante una acción individual decida la batalla. En los momentos que preceden al combate, lo planea todo cuidadosamente, y cuando el dispositivo está punto, deja el puesto de mando, para incorporarse como un soldado más de primera fila. A lo largo de toda la conquista, no se da una sola ocasión en que se haya conformado con presenciar la pelea desde su puesto de mando. Entraba en acción siempre en el punto donde se combatía con mayor intensidad. El nivel de negocios que movía era el de minero, ganadero, agricultor, mercader y naviero. Habia dado sobradas muestras de talento empresarial y era respetado y sabía mandar. Emanaba autoridad.”

Fernando R. Lafuente, prologista del libro de Juan Miralles: “De sus páginas surge un Cortés de carne y hueso, con pulso, culto, valiente, ambicioso, maquiavélico, honesto…”480x344xcortes_01.jpg.pagespeed.ic.zl-as6uMTX

Hernán Cortés partió de España hacia las Indias con 19 años y en 1519 con 34 años, lideró la expedición que conquistaría el Imperio Méxica.

Inició su viaje de conquista en Santiago de Cuba desde donde salió el 18 de noviembre de 1518. Hizo una escala de 2 meses en Macaca (puerto Pilón) junto al cabo Cruz. Se detuvo en Trinidad. Después en la isla de Pinos (isla de la Juventud) donde su navío encalló y después en la Habana (Sur, antigua ubicación). La última escala en la isla de Cuba la hizo en Guanijuanico (cabo de San Antón) de donde partieron el 18 de febrero de 1519.Ruta de Hernán Cortés

La expedición la formaban 560 hombres de los cuales 52 eran marineros y pilotos; llevaban 16 caballos. Tres días mas tarde, desembarcaron en la isla de Cozumel donde estuvieron 15 días.

Aquí mantuvieron el primer contacto con los nativos, donde vió como ofrecían sacrificios a sus dioses (los mayas tendían a sacrificar menos seres humanos y mas perdices, codornices y perros que los méxicas).

Por medio del intérprete de entonces, Melchorejo, tuvo noticias de la existencia de unos hombres barbudos en poder de ciertas tribus, sin duda 278_wespañoles capturados, y envió emisarios para rescatarlos. Acudió sólo uno: Jerónimo de Aguilar, que había sido capturado unos años antes, y había aprendido el lenguaje maya que se hablaba en dicha región. Sin embargo, el otro español, Gonzalo Guerrero, no acudió, ya que se había convertido y adaptado a las costumbres indias, tenía esposa y varios hijos. Finalmente, antes de continuar su viaje, rompieron sus ídolos, y pusieron en su lugar cruces e imágenes de la Virgen María.

De estos 15 días en Cozumel, relato una pequeña parte del texto de la primera carta de Hernán Cortés a los Reyes:

Carta primera de Hernan Cortés a la reina doña Juana y al emperador Carlos V, su hijo, por la justicia y regimiento de La Rica Villa de la Veracruz, a 10 de Julio de 1519:

“…Acabada de hacer la Armada, se partió de la isla Fernandina, para seguir viaje con 10 carabelas y 400 hombres de guerra, entre los cuales vinieron muchos caballeros e hidalgos y 16 de caballo, y prosiguiendo el viaje, a la primera tierra que se llega es a la isla de Cozumel, que ahora se dice Santa Cruz, en el puerto de San Juan de Portalatina y saltando a tierra se halló el pueblo despoblado y sin gente, como si nunca hubiera sido habitado por  persona alguna.

Y deseando saber cual era la causa de estar despoblado aquel lugar, se hizo salir a la gente de los navíos, y aposentandose en aquel pueblo, y estando allí con la gente, se supo por tres indios, que se tomaron en una canoa en la mar por la que se pasaba a la isla de Yucatán, que los caciques de aquella isla, visto como los españoles habían aportado allí,  habían dejado los pueblos, y con todos sus indios se habían ido a los montes, por temor a los españoles, por no saber con que intención y voluntad venían con aquellas naos; hablándoles por medio de un lengua y faraute que se llevaba, se les dijo que no se iba a hacerles mal ni daño alguno, sino para amonestarles y atraerles  para que viniesen en conocimiento de nuestra santa fe católica, y para que fuesen vasallos de sus majestades y les sirviesen y obedeciesen como lo hacen todos los indios y gentes de estas partes que están pobladas por españoles, vasallos de vuestras reales altezas; y asegurándoles de esta manera, perdieron mucha parte del temor que tenían, y dijeron que ellos querían ir a llamar a los caciques,que estaban en tierra adentro en los montes; y luego, se les dió una carta para que dichos caciques vinieran seguros, y así fueron con ella, dándoles  5 días para volver.

Pues como se estuviese aguardando la respuesta que dichos indios habían de traer y hubiesen ya pasado otros 3 o 4 días mas los 5 que llevaban de licencia, y se viese que no venían, se determinó, para que aquella isla no se despoblase, de enviar por la costa de la otra parte, cozumel-mapados capitanes con 100 hombres cada uno y se les mandó que uno fuera a la punta de la isla y el otro a la otra, y que hablasen a los caciques que topasen y les dijeran como se les estaba esperando en aquel pueblo y puerto de San Juan de Portalatina para hablarles de vuestras majestades, y que les  rogasen y atrajesen como mejor pudiesen para que quisiesen venir al dicho puerto de san Juan, y que no se les hiciesen mal alguno en sus personas ni casas ni haciendas, para que no se alterasen ni alejasen mas de lo que estaban.

Y fueron dichos capitanes como se les mandó, y volviendo de allí a los cuatro días dijeron que todos los pueblos que habían topado estaban vacíos, y trajeron consigo hasta 10 o 12 personas que podría haber, entre los cuales venía un indio principal, al cual se le habló de parte de vuestras altezas, con la lengua e interprete que traía, y se le dijo que fuese a llamar a los caciques, porque no se irían de ninguna manera de la isla sin verlos y hablarles; y dijo que así lo haría; y así partió con su carta para dichos caciques, y de allí a dos días vino con él el principal, y le dijo que era señor de la isla y que venía a ver que quería.

Se le habló con el intérprete, y se le dijo que no se quería ni se venía a hacerles mal alguno, sino a decirles que viniesen al conocimiento de nuestra santa fe, y que supiesen que teníamos por señores  a los mayores príncipes del mundo, y que estos obedecían a un mayor príncipe que él, y que lo que se les ha dicho es que no se quiere otra cosa sino que los caciques e indios de aquella isla obedeciesen también a vuestras altezas, y que haciéndolo así serían muy favorecidos, y que haciendo esto no habría quien los enojase; y el dicho cacique respondió que estaba contento de hacerlo así y envió luego a llamar a todos los principales de dicha isla los cuales vinieron, y venidos, holgaron mucho enth (1) todo lo que se les había hablado a aquel cacique de la isla; y así se los mandó volver y volvieron muy contentos, y en tan manera se aseguraron que de allí a pocos días estaban los pueblos tan llenos de gente y tan poblados como antes, y andaban entre nosotros todos aquellos indios con tan poco temor como si durante mucho tiempo hubieran tenido conversación con nosotros.

En este tiempo se supo que unos españoles estaban siete años cautivos en el Yucatán en poder de ciertos caciques, los cuales se habían perdido en una carabela que dió al través en los bajos de Jamaica, la cual venía de tierra firme, y ellos escaparon en una barca de aquella carabela, saliendo a aquella tierra, y desde entonces los tenían allí cautivos y presos los indios; ya se traía aviso cuando se partió de la isla Fernandina para saber de sus españoles nuevas de ellos y como aquí se supo de ellos y la tierra donde estaban, pareció que haría mucho servicio a Dios y a vuestra majestad en trabajar en que saliesen de la prisión y cautiverio en el que estaban, y luego se quisiera ir con toda la flota a rendirlos, si no fuera porque, los pilotos dijeron que de ninguna manera lo hiciese, porque sería causa que la flota y gente que en ella iba se perdiese, a causa de ser la costa muy brava como lo es, y no haber en ella puerto ni parte donde pudieran surgir con los dichos  navíos; y por esto se dejó, y se proveyó luego con ciertos indios en una canoa, los cuales le había dicho que sabían quien era el cacique con quien los dichos españoles estaban, y se les escribió que si se dejaba de ir en con la armada para librarlos no era sino por ser mala y brava la costa para surgir; pero se les rogaba que trabajasen para soltarse y huir en algunas canoas, y que ellos esperarían allí en la isla de Santa Cruz.  

Tres días después que se despachó a aquellos indios con las cartas, y no habiendo satisfacción, creyendo que aquellos indios no lo sabrían hacer tan bien como se deseaba, se acordó enviar y se envió dos bergantines y un batel con cuarenta españoles de la armada a la dicha costa para que tomasen y recogiesen a los españoles cautivos, si allí acudiesen, y envió con ellos otros tres indios para que saltasen a tierra  y fuesen a buscar a los españoles presos, con otra carta, ycozumel01 llegados los dos bergantines  y batel a la costa donde iban, echaron a los tres indios, y enviaronlos a buscar a los españoles, como se les había mandado, y estuvieronlos esperando en la dicha costa seis días con mucho trabajo; que casi se hubieran perdido y dado a través de dicha costa, por ser brava allí la mar, según los pilotos habían dicho.

Y visto que no venían los españoles cautivos ni los indios que a buscarlos habían ido, se acordó volver donde se les estaba aguardando, en la isla de Santa Cruz; y llegados a la isla y se supo el mal que traían, se recibió con mucha pena, y luego otro día se propuso embarcar con toda determinación de ir y llegar a aquella tierra, aunque toda la flota se perdiese, y también por certificarse si era verdad lo que el capitán Juan de Grijalba había enviado a decir a la isla Fernandina, diciendo que era burla, que nunca aquella cosa había llegado ni se habían perdido aquellos españoles que se decían estar cautivos.

Y estando con este propósito, embarcada ya toda la gente, que no faltaba de embarcarse salvo 20 personas que estaban en tierra, y haciendoles tiempo muy bueno y conforme al propósito de salir del puerto, se levantó a deshora un viento contrario con unos aguaceros muy contrarios para salir, en tanta manera que los pilotos dijeron que no se embarcase, porque el tiempo era muy contrario para salir del puerto.

Y visto esto, se mandó desembarcar toda la otra gente de la armada, y otro día a mediodía vieron una canóa a la vela hacia dicha isla; llegada donde estábamos, se vió como venía en ella uno de los españoles cautivos, que se llamó Jerónimo de Aguilar, el cual nos contó la manera de como se perdió y el tiempo que hacía que estaba en aquel cautiverio, que es como arriba a vuestras altezas reales hemos hecho relación, y túvose entre nosotros aquella contrariedad de tiempo que sucedió de improviso, como es verdad, por muy gran misterio y milagro de Dios, por donde se cree que ninguna cosa se comienza, que en servicio de su majestad sea, que pueda suceder sino en bien.

Por este Jerónimo de Aguilar se nos fué informado que los otros españoles que con él se perdieron en la carabela que dió al través estaban muy derramados por la tierra; la cual nos dijo que era muy grande, y que era imposible poderlos recoger sin estar y gastar mucho tiempo en ello.

Pues como se viese que se iban acabando los bastimentos de la armada y que la gente padecería mucha necesidad de hambre si se dilatase y esperase allí mas tiempo, y que no habría de tener efecto el propósito de su viaje, se determinó, con parecer de los que en su compañía venían, de partir, y luego se partió, dejando aquella isla de Cozumel, que ahora se llama Santa Cruz, muy pacífica, y en tanta manera que si fuera para hacer poblador de ella, pudieran con toda voluntad los indios de ella comenzar luego a servir;  y los caciques quedaron muy contentos y alegres por lo que de parte de vuestras reales altezas se les había dicho, y por haber dado muchos atavíos para sus personas; y tengo por cierto que todos los españoles que de aquí en adelante a  la dicha isla vinieran serán tan bien recibidos como si a otra tierra de las que ha mucho tiempo que estan pobladas llegasen.

Es la dicha pequeña, y no hay en ella río alguno ni arroyo, y toda el agua que los indios beben es de pozos, y en ella no hay otra cosa sino peñas y piedras y montes, y la granjería que los indios de ella tienen es colmenares, y nuestros procuradores llevaban a vuestras altezas la muestra de la miel de los dichos colmenares para que la manden ver.

 Sepan vuestras majestades que como se les respondiese a los caciques de la dicha isla diciendoles que no viviesen mas en la secta gentilicia que tenían pidieron que se les diese ley en que viviesen de aquí en adelante, y se les informó lo mejor que se supo en la fe católica, y se les dejó una cruz de palo puesta en una casa alta y una imagen de Nuestra señora la Virgen María, y se les dió a entender muy cumplidamente lo que debían hacer para ser buenos cristianos, y ellos mostráronlo que recibían todo de muy buena voluntad; y así quedaron alegres y contentos.

Partidos de esta isla fuimos a Yucatan, y…”

Para OctavioPaz:  “La llegada de los españoles parece una liberación a los pueblos sometidos por los aztecas. Los diversos estados-ciudades se alían a los conquistadores o contemplan con indiferencia, cuando no con alegría, la caída de cada uno de sus rivales y en particular del más poderoso: Tenochtitlán. Pero ni el genio político de Cortés, ni la superioridad técnica (ausente en hechos de armas decisivos como la batalla de Otumba), ni la defección de vasallos y aliados, hubieran logrado la ruina del Imperio aztecatenochtitlan (1) si éste no hubiese sentido de pronto un desfallecimiento, una duda íntima que lo hizo vacilar y ceder. Cuando Moctezuma abre las puertas de Tenochtitlán a los españoles y recibe a Cortés con presentes, los aztecas pierden la partida. Su lucha final es un suicido y así lo dan a entender todos los textos que tenemos sobre este acontecimiento grandioso y sombrío.

La empresa de Hernán Cortés como la Reconquista, fué una empresa privada y una hazaña nacional. Cortés y el Cid guerrean, por su cuenta, bajo su responsabilidad y contra la voluntad de sus señores, pero en nombre y provecho del Rey. Son vasallos, rebeldes y cruzados. En su conciencia y en la de sus ejércitos, combaten nociones opuestas: los intereses de la Monarquía y los individuales, los de la fe y los del lucro. Y cada conquistador, cada misionero y cada burócrata es un campo de batalla. Si, aisladamente considerados, cada uno representa a los grandes poderes que se disputan la dirección de la sociedad (el feudalismo, la Iglesia y la Monarquía absoluta), en su interior pelean otras tendencias. Las mismas que distinguen a España del resto de Europa y que la hacen, en el sentido literal de la palabra, una nación excéntrica.

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Gonzalo Jimenez de Quesada

Por otra parte, los conquistadores no son repeticiones del guerrero medieval, que lucha contra moros e infieles. Son aventureros, esto es, gente que se interna en los espacios abiertos y se arriesga en lo desconocido, rasgo también renacentista. El caballero medieval, por el contrario, vive en un mundo cerrado. Su gran empresa fueron las Cruzadas, acontecimiento histórico de signo distinto a la Conquista de América. El primero fue un rescate: el segundo, un descubrimiento y una fundación. Y, en fin, muchos de los conquistadores como Cortés o Jiménez de Quesada, son figuras inconcebibles en la Edad Media. Sus gustos literarios tanto como su realismo político, su conciencia de la obra que realizan tanto como lo que Ortega y Gasset llamaría “su estilo de vida”, tienen escasa relación con la sensibilidad medieval.”

Hernán Cortés fue un escritor de estilo fácil y vivaz, hasta el punto que sus cartas y descripciones le hacen acreedor a figurar en un primer término entre los cronistas de la epopeya americana. Las cartas reunidas conforman una relación de la conquista de México, realizada por Hernán Cortés y sus hombres. Tomadas de un códice de la Biblioteca Imperial de Viena, estas larguísimas cartas, enviadas por el autor a sus reyes, recogen una de las más transcendentales epopeyas de la historia de la humanidad.

 

 

 

http://www.hernancortes-vs-hernancortes.com/hernancortes_biografia.php

Hernán Cortés, inventor de México. Juan Miralles.

https://hyspania.wordpress.com/2012/11/09/conquista-y-colonia-octavio-paz/

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/03/26/actualidad/1427408535_514611.html

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