La expedición Anza a California

Expedición de Gaspar de Portolá explorando la bahía de San Francisco.

La expedición Anza a California de 1775, fue la primera «caravana hacia el oeste» en territorio norteamericano. Tenía como objetivo consolidar el establecimiento en la Nueva California, que se había iniciado seis años antes con una expedición combinada marítimo-terrestre dirigida por Gaspar de Portolá  y fray Junípero Serra en 1769, en la que establecieron la primera misión (San Diego de Alcalá) en la región y lograron alcanzar el puerto natural de San Francisco.

Como resultado de esa primera expedición, fray Junípero fundó en la costa de California otras cuatro misiones: en 1770 San Carlos Borromeo, El Carmelo-Carmel,  asociada al primer presidio (fuerte) ambos en la bahía de Monterrey, en 1771 San Antonio de Padua y San Gabriel Arcángel y en 1772 San Luis Obispo de Tolosa.

Todavía el Imperio español poseía extensos dominios en América del Norte y controlaba sus costas occidentales, así como el Océano Pacífico hasta las islas Filipinas. Pero las incursiones rusas e inglesas por la costa Oeste de América inquietaban cada vez más a las autoridades españolas.

La comunicación terrestre entre la provincia virreinal de Sonora y el puerto de Monterrey en la Alta California no existía hasta entonces, pues aunque el terreno era conocido el abastecimiento por tierra era muy complicado, con un acceso difícil por el extenso y duro desierto de Sonora y la hostilidad de los indios de la zona.

El intercambio por tanto entre el Virreinato y los primeros asentamientos en la Alta California era marítimo, principalmente desde el incómodo puerto de San Blas, lo que lo hacía lento, imprevisto y escaso, dada la irregular capacidad de carga de los barcos de la época y debido a las dificultades que planteaban los vientos y las corrientes marinas. Se pretendía entonces abrir una ruta terrestre con las misiones californianas. 

Fue fray Junípero Serra de vuelta de fundar sus primeras misiones, uno de sus impulsores; había celebrado reuniones con el virrey Bucareli en la ciudad de México durante casi siete meses y antes de regresar a su misión de San Diego de Alcalá el 13 de marzo de 1774, había conseguido convencerlo para que se aprobase la creación de un camino por tierra desde Sonora, que llevara auxilio a las misiones de Nueva California que estaban pasando momentos difíciles.
Se decidió entonces hacer dos expediciones, la primera y fundamental sería de exploración, para definir bien el camino y marcar los lugares donde se vadearían los ríos y los pozos de agua en el desierto; la segunda de poblamiento que llevaría personas y ganado a la Alta California.

Presidio de Tubac por William Ahrendt.

Se eligió para ello a Juan Bautista Anza Bezerra, militar español nacido en Nueva España en 1736. En ese momento era capitán de la caballería del Real Presidio de Tubac, al sur del actual Tucson (poblado papago Chuck Son que significa «al pie de la montaña oscura» en el hoy estado de Arizona), que protegía la misión de San Xavier del Bac fundada en 1752.

El capitán Anza de 38 años había sido herido dos veces por los indios, pero los respetaba porque los entendía y porque si era preciso también sabía pelear como ellos. Era conocido por el orden y la disciplina con que mandaba a sus soldados y por el vistoso uniforme de chalecos rojos y azules que llevaban, sobre una protección de capas superpuestas de cueros de bisonte, muy eficaz para protegerse de las flechas indias.

La expedición exploradora se formó con 34 personas: el capitán Anza, dos padres misioneros (fray Garcés y fray Juan Díaz), veinte soldados voluntarios, el soldado Juan Bautista Valdés conocedor del terreno de California para que sirviese como correo; un guía indio natural de California llamado Sebastián Tarabal (con una historia curiosa), un intérprete nativo de los indios prima, un carpintero, cinco arrieros y dos asistentes de Anza. El plan era conducir 35 cargas de víveres, municiones de guerra, tabaco, equipajes, 65 reses vacunas y 150 caballerías.

Partieron el 8 de enero de 1774 desde el mismo presidio de Tubac, tomando la ruta meridional a lo largo del río Altar (provincia de Sonora y Sinaloa en el Virreinato de la Nueva España) en dirección a la misión de Caborca donde deberían abastecerse e incorporar las 150 caballerías previstas. Llegaron el día 20, tras sufrir dos días de lluvia y nieve en el desierto y se encontraron con la desagradable sorpresa de que no estaban las caballerías.

Tuvieron que partir sin ellas y se dirigieron hacia el norte, atravesando las condiciones extremas de un tramo del duro desierto de Sonora y sus dunas y deteniéndose el 5 de febrero en un pozo al que llamaron «Agua Escondida».

Alcanzaron el río Gila siguiendo su curso hacia el oeste por la  vertiente sur, para evitar los ataques de los apaches, hasta su desembocadura en el río Colorado, que alcanzaron el 9 de febrero después de recorrer unos 715 km.

El gran desierto de Sonora de más de 300.000 kilómetros cuadrados se extiende cubriendo gran parte de Arizona, Alta y Baja California, Sinaloa y Sonora. Forman parte del mismo los desiertos de Arizona, del Colorado, del río Gila y el de Yuha.

Antes de cruzar este gran río que atravesaba el territorio de los indios yumas (kwet’san o quechan), pararon en lo que hoy es el Cruce de Yuma (Yuma Crossing), cerca de la actual ciudad del mismo nombre en el estado de Arizona y único lugar posible para cruzarlo.

Fueron acogidos amistosamente por el jefe yuma, buen aliado de los españoles, de nombre Olley Iquatequiche (Olleyquotequiebe), que había conocido a fray Garcés en el verano de 1771, cuando éste se había adentrado en territorio indio desconocido con sólo tres guías indios amigos, y ahora estaba expectante por encontrarse con los españoles de los que había oído hablar mucho, especialmente de Anza, aunque el consejo de la tribu era partidario de un recibimiento hostil.

Allí descansaron en sus tiendas y establecieron una sincera amistad. Anza le propuso ser bautizado para ser como uno más de los españoles. Olley Iquatequiche aceptó entusiasmado y le pidió ir con él a la ciudad de México para conocer mejor todo lo que le había contado. Quedaron para hacerlo en un próximo viaje.

El 10 de febrero vadearon el río Colorado con la ayuda de los yumas y reiniciaron la marcha tratando de rodear las temibles dunas del desierto del Colorado, dejándolas al oeste y teniendo a la vista las montañas de la Sierra de San Bernardino al este. Era imprescindible encontrar agua por el camino y forraje para los caballos.

El 12 de febrero pasaron por una laguna a la que llamaron Santa Olaya y luego se perdieron durante 17 dramáticos días por dunas agotadoras, perdiendo muchos caballos y teniendo que volver y pedir ayuda al jefe de los yumas.

Recuperados, volvieron a intentar encontrar un camino, logrando el 8 de marzo encontrar un pozo en los dominios de los indios kumayaay al que llamaron Santa Rosa de las Lejas (Yuha Well).

El 10 de marzo encontraron otro pozo al que llamaron San Sebastián y a continuación sufrieron días de nieve y lluvia deteniéndose en el que bautizaron como Puerto Real de San Carlos, a 1.190 metros de altitud.

A partir de aquí con un nuevo paisaje, atravesaron la llanura de Cahuilla, donde vieron multitud de gansos y osos cerca del crecido río Santa Ana, que tuvieron que vadear.

Misión de San Gabriel.

Por fin, el 22 de marzo de 1775, después de vadear el río San Gabriel y de recorrer 1.340 Km, Anza tuvo su primer contacto con las misiones de California, llegando a la misión de San Gabriel Arcángel, cerca de la costa de California y de la futura ciudad de Los Ángeles. Fueron recibidos por sus sorprendidos moradores dirigidos por el padre franciscano fray Fermín Lasuen, que no se esperaban la llegada de una expedición procedente del durísimo desierto del Colorado. No había apenas comida en la misión y tampoco  caballerías.

En todo caso Anza estaba satisfecho con lo logrado y por ello envió a cuatro de sus hombres a establecer contacto con la misión de San Diego situada en la costa y al correo Valdés a la ciudad de México para adelantar la noticia de la llegada feliz a la tierra de la Nueva California.

El correo Valdés saldría a caballo el 18 de abril, y después de recorrer 1.800 km, llegaría a la ciudad de México el 14 de junio donde le informó al virrey de «la conquista del desierto«. 

Misión de San Carlos Borromeo.

Una vez recuperados de las fatigas del camino, el 10 de abril, Anza partió acompañado por seis soldados para el presidio de Monterrey, que distaba 480 km, a donde llegó el 18 de abril. Habían recorrido un total de 1.700 km desde Tubac, en 74 días.

Aunque se encontraba cerca de la bahía de San Francisco (118 km), decidió regresar pues ya tenía claro cual sería la ruta que habría que seguir con la expedición pobladora en su parte mas difícil, que era la que acababan de hacer. Inició el retorno el 22 de abril y el día 27 al pasar por la zona del canal de Santa Bárbara coincidió con Fray Junípero, que volvía por  vía marítima a su misión de San Carlos Borromeo del Carmelo en Monterrey, después de su estancia en la ciudad de México. 

El primer tramo de la vuelta lo hizo siguiendo el mismo camino hasta el río Colorado, pasando el 6 de mayo por el puerto de San Carlos.

En el cruce de Yuma fray Garcés dejó la expedición para quedarse entre los yumas y explorar el territorio que ya conocía, con intención misional.

Desde el cruce del río Colorado, cambiaron la ruta de la ida y continuaron aguas arriba del río Gila hasta alcanzar la desembocadura del río Santa Cruz;  desde allí pasaron por Tucson (hoy en el estado de Arizona) y finalizaron su viaje en Tubac el 26 de mayo del mismo año, desde donde habían partido. En total habían recorrido 2.400 km en 139 días. Esta segunda parte parte la hicieron rapidísima en solo 23 días.

Estatua ecuestre de Juan Bautista Anza del escultor Julián Martínez, en San Francisco, California.

La expedición se consideró como un éxito pues había encontrado una ruta con agua suficiente para hacer que el acceso por tierra a California fuere posible, informando favorablemente de ello al virrey, después de recorrer otros 1.300 km hasta la ciudad de México.

Ascendido a teniente coronel y confirmado para hacer la expedición pobladora de California, Anza tenía ahora como objetivo alcanzar y poblar la ya conocida bahía de San Francisco.

Durante más de un año se estuvo preparando la gran expedición pobladora que empezaba en San Miguel de Horcasitas, a donde iban acudiendo los participantes desde Culiacán, Sinaloa, Arizpe, Pitic (Hermosillo), Magdalena de Kino y otras poblaciones novohispanas del norte de Sonora, incluso de la ciudad de México, y desde allí reunidos se dirigirían todos al punto de salida en Tubac, actualmente en Estados Unidos. 

El viaje sería duro y no exento de peligros. Además de guiar a pobladores y llevar el ganado, Anza recibió la instrucción de permanecer en California el tiempo necesario para ayudar a la acomodación de los nuevos habitantes en los lugares que les correspondieran y llegar hasta la bahía de San Francisco para escoger el sitio donde se debía fundar un presidio y una misión.

También era especialmente necesaria la ayuda a los frailes en las misiones, que tenían indios a su cargo y sobrevivían a duras penas debido a la insuficiencia de las cosechas de esos primeros años y la carencia de ganado para la alimentación, que por ser de transporte difícil no se llevó en la expedición fundadora de Portolá.

Los participantes seleccionados debían ser personas emprendedoras, trabajadoras y honestas, y se daba prioridad a matrimonios con hijos y a jóvenes que pudiesen formar familias arraigadas en los nuevos territorios. Se ofreció como incentivo un salario de dos años y alimentación durante cinco años. Para hacer la selección adecuada el propio Juan Bautista Anza se trasladó temporalmente a la ciudad de Hermosillo, a unos 60 km al sur del presidio de San Miguel de Horcasitas .

Tubac Presidio State Historic Park. Celebracion anual.

Los primeros 177 expedicionarios fueron reunidos en este presidio desde donde salieron hacia Tubac el 29 de septiembre de 1775. Allí se les sumarían otros setenta y siete, entre ellos el contingente militar, de los cuales designó como teniente a Jose Joaquín Moraga, alférez del presidio de Fronteras, «que ha servido durante más de 18 años en las ocupaciones de soldado y alférez y en todas ellas ha desempeñado diariamente sus obligaciones«, y al sargento Juan Pablo Grijalba, junto con dieciocho veteranos de los presidios de Tubac y Sonora y veinte reclutas.

Cada octubre, el Tubac Presidio State Historic Park acoge los Días de Anza para conmemorar la llegada de Juan Bautista de Anza al Presidio de Tubac.

En la parte religiosa, la jefatura de la segunda expedición de Anza estuvo a cargo de fray Pedro Font  que conocía el norte de Sonora por llevar años como encargado de la misión de San José de los Pimas, cercana a San Miguel de Horcasitas en Sonora. Font tenía gran cultura y durante la expedición además del servicio religioso a su cargo, le fue encomendada la lectura de las declinaciones solares y el cálculo de las posiciones y las distancias (llevaba un astrolabio y un grafómetro), para hacer mapas del territorio, así como la redacción de un Diario. Le acompañaban fray Garcés y fray Tomás Eixarch.

Entre los pobladores se calcula que había 30 familias con 42 hombres (el mayor de 49 años) y  39  mujeres (la mayor de 45 años), 92 menores de doce años, de los cuales seis tenían entre 2 y 10 años y diez menores de 1 año. También eran de la partida veintisiete indios sirvientes, tres indios intérpretes e indios auxiliares, sin contar que por el camino se les juntarían indios amigos, alcanzando en una ocasión hasta doscientos de ellos.

Además de los caballos propios y de reserva llevaban unas trescientas cabezas de ganado mayor y quinientas mulas para el equipaje. En total en el tren de marcha figuraba una reata de 695 caballerías  y 385 cabezas de ganado vacuno. La mayoría de las personas iban ensilladas en mulas que podían cargar aproximadamente 320 libras cada una. Llevaban  trece grandes  tiendas  de  campaña,  cada una de  ellas compartida  por  tres  familias.

Cumplidos los preparativos, Font como capellán de la expedición ofició Misa en Tubac y pidió el patrocinio de la Virgen de Guadalupe, del Arcángel San Miguel y de San Francisco para la marcha, que iniciaron el 23 de octubre de 1775.
Adelantándose a los expedicionarios cabalgaba una patrulla de cuatro exploradores para prevenir imprevistos.

A continuación iba Anza con el flamante uniforme de su nuevo cargo de teniente coronel. En los flancos iba una escolta de jinetes.

Cerrando la caravana iba el teniente Moraga con tres recuas de mulas de 140 cabezas, veinte muleros y monturas sin jinete y finalmente 325 reses  con tres vaqueros.

Avanzaban una legua o algo más (5 km) por hora y eran frecuentes jornadas de hasta nueve horas. La expedición se detenía todos los días alrededor de las tres de la tarde, para permitir montar el campamento en las horas de luz, que se organizaba con trece carpas en círculo y una hoguera en el centro, donde se instalaba la cocina al estilo militar.

De las mujeres participantes, diez amamantaban, nueve  estaban embarazadas cuando iniciaron el viaje y tres niños nacieron durante la expedición. Se celebraron en ese tiempo tres matrimonios de parejas que no quisieron esperar a California para estar casados. Al día siguiente de la partida tuvieron que parar dos días en la misión de San Xavier del Bac para enterrar a Manuela Picuelar muerta al dar a luz, única víctima  humana de la expedición.

Los expedicionarios no tuvieron ni un solo incidente con los indios allá por donde pasaron, ni hubo malos entendimientos entre sus componentes, gracias al mérito atribuible a todos, pero especialmente a Anza por sus extraordinarias cualidades personales.

En la ruta de ida, se siguió el camino que había descubierto Anza en la vuelta de su primera expedición, es decir siguieron el curso del río Santa Cruz hasta su unión con el río Gila y aguas abajo de éste hasta su desembocadura en el río Colorado.

Pasado el tramo de desierto de Arizona, alcanzaron el río Colorado (entre los actuales estados de Arizona y California) el 27 de noviembre, después de 35 días y 515 Km recorridos. Pasaron primero sin dificultad a la ribera norte del río Gila y luego descansaron en los alojamientos que les proporcionaron los yumas donde de nuevo Anza volvió a encontrarse con su amigo Olley Iquatequiche que nuevamente se esmeró en dar hospitalidad a los españoles, ofreciéndoles alimentos y tiendas para descansar así como la ayuda de indios nadadores para cruzar el río Colorado en balsas o en brazos.

Anza escribiría mas tarde (8 de diciembre), al Virrey Bucareli desde el poblado de Santa Olaya contando la amabilidad de los yumas  que anhelaban convertirse al cristianismo y elogiando la fertilidad de la tierra a orillas del Colorado. Se calculaba su población en 3.000 indios.

Como prueba de amistad fray Eixarch se quedó en el Colorado con los yumas amigos a la espera del regreso de Anza, aprovechando el tiempo para preparar la fundación de las misiones, y describir todo lo que veía. Fray Garcés, como en la anterior ocasión, también se separó en este punto y continuó sus exploraciones en solitario. 

Después del cruce del río el día 30 de noviembre, se quedaron unos días en los campamentos de los yumas recuperando a varios enfermos.

Partieron el día 4 de diciembre dirigiéndose hacia el sur para evitar las temibles dunas, pero en esa zona el desierto es rocoso, duro y traicionero porque lo alterna con arenas movedizas. Sufrieron frío, niebla y nieve, que heló las cantimploras.

Una vez abastecidos en la laguna de Santa Olaya el día 6 de diciembre, deberían acometer el resto del desierto del Colorado, donde Anza se había perdido en la primera expedición exploradora. Decidió entonces dividir la expedición en cuatro grupos para atravesarlo, con intervalos de algunos días y así dar tiempo a que se llenasen los escasos pozos que encontraban, ya que se agotaban rápidamente al beber de ellos el ganado.

Los tres primeros grupos estaban constituidos por pobladores y soldados. El cuarto grupo lo formó el ganado con los vaqueros que salieron los últimos. El primer grupo estaba formado por Anza, Font, doce soldados con sus familias y varias mulas de carga partiendo el 9 de diciembre; el resto con intervalo de dos días.

La marcha fue durísima, los caballos tuvieron muchas dificultades para moverse, con heladas por la noche, niebla y nieve; hubo algún momento que pensaron que no podrían pasar y estuvieron a punto de regresar.

Finalmente todos lo lograron y el día 17 de diciembre se reunieron para acometer el paso de las montañas, pero fueron sorprendidos por una tormenta de nieve que les obligó a guarecerse durante cuatro días, pereciendo varios animales.

Después de caminar fatigosamente bajo la lluvia y la nieve durante varios días, el 25 de diciembre de 1775 se detuvieron en Coyote Canyon cuando pasaban por el puerto de montaña de San Carlos, donde tuvo lugar el tercero de los nacimientos en la expedición.

Al día siguiente notaron un temblor de tierra (primer terremoto documentado de California), estaban muy cerca de la falla de San Andrés, origen de continuos y destructivos seísmos en California.

En este punto se sale del inclemente desierto y se entra en la California costera, con un panorama exuberante de verdes montañas, arroyos, robles cargados de brotes y bellotas y rosales fragantes.

Con la vista puesta en las altas montañas de la sierra de San Bernardino (su cumbre más alta es de 3.500 metros) que iban dejando por el este, siguieron la ruta prevista atravesando un trecho de belleza singular en los actuales condados de San Diego e Imperial, que está calificado como parque de la naturaleza del estado de California con el nombre de “Anza–Borrego Desert Park” en honor de Anza y por la proeza de llevar ganado en esta segunda expedición.

La Sierra Nevada que verían mas adelante fue llamada así por el franciscano Pedro Font, en el diario que escribió de la expedición.

El día 1 de enero estando acampados en el río Santa Ana, Anza recibió un correo de la misión San Gabriel informándole de que la Misión de San Diego había sido atacada los pasados días 4 y 5 de noviembre por 600 guerreros kumayaay y la habían arrasado, dando muerte a uno de los padres misioneros y a dos sirvientes e hiriendo a todos los soldados de la guarnición.

Por fin el 4 de enero de 1776 llegaron exhaustos a la misión de San Gabriel Arcángel, habiendo completado con ello la parte más difícil del viaje. Esta misión que había sido fundada en 1771, pertenece actualmente a la gran ciudad de Los Ángeles y es una de las misiones de California con más historia.

Misión de San Diego.

Aceptaron felices la hospitalidad que les proporcionaron los frailes, descansando con ellos unos días y reponiéndose del duro camino efectuado, antes de dirigirse a los destinos de cada uno.

Pero hubo que interrumpir la marcha de la expedición, pues Anza se reunió en la misma misión con el gobernador Rivera, que había llegado desde el presidio de Monterrey, y decidieron acudir juntos en socorro de San Diego.

Formaron un destacamento de 29 soldados (17 de Anza y 12 de Rivera) acompañados por fray Font y partieron el 7 de enero. Cuatro días mas tarde el día 11 llegaron a la misión de San Diego.

Una vez restablecido el orden (Rivera se quedaría para completar la operación), Anza volvió a San Gabriel, pero se encontró un nuevo contratiempo ya que el teniente Moraga acompañado de diez soldados, había tenido que salir el día 15 de febrero en persecución de un desertor de la guarnición que junto con un indio y tres muleros se habían llevado 25 caballos y provisiones.

Siendo la época de las lluvias de invierno, cuando el camino se convertía en una ciénaga y los ríos se desbordaban, Anza no podía demorarse mucho y tras esperar varios días a Moragas partió sin él.

Salieron el 21 de febrero y se dirigieron a su siguiente destino que era la bahía Monterrey. Avanzaron en paralelo al canal de Santa Bárbara en dirección noroeste, vadeando ríos llenos de patos y otras aves migratorias; un día vieron una enorme manada de antílopes que huyeron al verlos.

Atravesaron los ríos de Santa Clara (23 de febrero) y Santa Rosa (28 de febrero) y muy cerca de la misión de San Luis Obispo, a donde llegaron el 2 de marzo, varias mulas se quedaron atrapadas en el fango. Anza ordenó descargarlas y que los soldados acarreasen las provisiones a pie. Pocos días después llegaron a la misión de San Antonio (6 de marzo).

Reanudada la marcha hacia el norte y en paralelo a la costa del Pacífico llegaron el 10 de marzo de 1776 al presidio de Monterrey, con el primer gran grupo de 130 personas de la caravana. Este presidio había sido fundado en 1770 para proteger a la misión de San Carlos Borromeo del Carmelo, que estaba a una hora de camino.

Al día siguiente fray Junípero acudió a saludarle desde esta misión, acompañado por los frailes Palou, Murguía, Cambón y de la Peña.

El 13 de marzo Anza escribió una carta al gobernador Rivera desde la Misión de San Carlos de Monterrey, informándole de que su próxima parada sería en la bahía de San Francisco, objetivo final de la expedición.

Al día siguiente Anza sufrió un tremendo cólico nefrítico, que le invalidó durante nueve días. Repuesto parcialmente del mismo, el 23 de marzo partió de avanzadilla  exploradora hacia la bahía de San Francisco junto con veinte hombres, entre los que se encontraban once soldados, el teniente Moraga y el padre Font, quedándose por el momento en Monterrey el resto de los expedicionarios.

El 27 de marzo llegaron al cabo de la península, entrada del puerto natural llamado hoy Golden Gate. Font escribió: «Vi un puerto de puertos, un prodigio de la naturaleza«. Descendieron por el escarpado acantilado llegando hasta la bahía y el Océano Pacífico, después de recorrer un total de 1.700 km en 159 días

La fundación de nuevas ciudades era siempre un momento solemne en las leyes españolas y Anza no pudo hacer la fundación porque no tenía autoridad para ello, pues faltaba el gobernador de la Alta California Fernando Javier Rivera y Moncada (1744-1747), aunque este siempre estuvo informado por varias cartas que le remitió.

Pero Anza cumplió el encargo que tenía, levantando una cruz de madera en el punto más elevado para que fuese visible desde el mar.

Enterró al pie de la misma un documento haciendo referencia a la expedición en nombre del rey de España, Carlos III.

Después de cruzarse con partidas pacificas de indios, vieron un bosque con pino, robles y secuoyas. Anza lo consideró el sitio ideal para levantar el presidio de San Francisco, pues se beneficiaba de varios manantiales cercanos y dominaba la bahía desde lo alto. Así se lo recomendó a su segundo, el teniente José Joaquín Moraga, que sería el que lo  fundaría pocos meses mas tarde.

Al día siguiente se dirigieron al sureste y a unos 8 km atravesaron una zona arbolada con un pequeño río; era el viernes anterior al Domingo de Ramos llamado por los españoles viernes de Dolores, por lo que lo denominó Dolores. Sus riberas estaban sembradas de manzanilla fragante, violetas y hierba, y el suelo era muy fértil. Cerca de allí había una pequeña cascada y una aldea de indios amigos, por lo que Font decidió que sería allí donde fundaría la misión Dolores de San Francisco de Asís, en el corazón de la hoy ciudad de San Francisco.

El 30 de marzo continuaron rumbo sureste llegando al río San Francisquito donde en la orilla izquierda había una secuoya gigante de 46 metros de altura y 4,8 de diámetro medida por Font con un grafómetro. Los españoles llamaron al lugar Palo Alto, donde aún se mantiene en pie el gigantesco árbol, en el mismo centro de la ciudad.

Durante los siguientes cinco días exploraron y rodearon por el  extremo sur la gran bahía, recorrieron su orilla oriental hasta los ríos de San Joaquín y Sacramento, confirmando que eran ríos diferentes, llegando al estrecho de Carquinez, donde desembocan en un ancho estuario en la bahía.

El 5 de abril partieron de vuelta hacia Monterrey atravesando la sierra de Chasco, a donde llegaron el día 8 de abril llevando las buenas noticias a los expedicionarios que esperaban ilusionados.

Por la tarde de ese mismo día Anza y Font salieron hacia el sur y cabalgaron durante una hora para llegar a la misión de San Carlos.

Cumplidos los objetivos, el 14 de abril de 1776 Anza partió del presidio de Monterrey acompañado de Font, siete soldados, seis auxiliares, y cuatro de sus sirvientes.

Su plan era detenerse en el paso del Colorado para contactar de nuevo con Olley Iquatequiche y continuar con él a la ciudad de México.

Así lo hizo, se detuvo en el paso del río Colorado para invitar al jefe indio y a sus jefes principales a que fuesen con él a la capital de Nueva España con los indios que lo deseasen, de forma que todos conociesen al virrey de Nueva España del que les había hablado en las reuniones anteriores, y recibiesen el bautismo en la religión católica si lo deseaban (*). De Yuma a la ciudad de México sería un largo viaje, de más de 2.000 kilómetros que ya había hecho Anza dos veces antes.

Juntos llegaron hasta el presidio de San Miguel de Horcasitas por el mismo camino que en la vuelta de la primera expedición, llegando el 1 de junio de 1776. Anza había hecho un recorrido total de 3.245 KM, una hazaña sin precedente para la época.

Los pobladores mientras tanto habían permanecido tres meses en Monterrey, esperando que se hiciera la paz con los indios de San Diego.

Por fin el 17 de junio el teniente Moraga se encargó de conducir a las 193 personas de la expedición, desde Monterrey hasta San Francisco, para levantar el Presidio y supervisar la construcción de la Misión Dolores.

Llegados al lugar, el teniente José Joaquín Moraga levantaría el pueblo de Yerba Buena (San Francisco desde 1847) para alojar a su gente, para cuando le llegaran suministros por barco construir un presidio militar (el tercero de California) en el lugar llamado Cantil Blanco, origen de la ciudad de San Francisco, siendo su comandante hasta 1785.  

El padre fray Francisco Palóu por su parte celebraría la primera misa el 29 de junio de 1776, y acompañado del franciscano Pedro Benito Cambón levantaría, junto al arroyo Dolores, la misión de San Francisco de Asís (la sexta misión franciscana en la Alta California), 

En resumen, fue Juan Bautista Anza quien abrió una ruta terrestre segura y relativamente rápida para unir México y California hasta la bahía de San Francisco. Una gran gesta realizada en ocho meses, por la primera caravana hacia el oeste en territorio norteamericano, en los que su expedición recorrió los más de 1.500 km que separan la hoy ciudad de Nogales en México hasta la ciudad de San Francisco en California.

En la actualidad la ruta Juan Bautista de Anza National Historic Trail pasa por Arizona y California y recorre 19 condados. Existe una guía específica online que permite planificar el viaje para emular al gran explorador y militar español.

A finales de junio y como cada año en el presidio de San Francisco, los descendientes de las familias de los 247 valientes españoles que participaron en la expedición de 1775-76 encabezada por Juan Bautista Anza, se visten con trajes y uniformes de época y portan banderas y estandartes para conmemorar con orgullo esta hazaña.

Ese mismo año de 1776, las trece colonias británicas del este, firmaron La Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, cuyo título oficial es The unanimous declaration of the thirteen United States of America.

 

 

(*) El bautizo de Olley Iquatequiche (Olleyquotequiebe) tuvo lugar en la Catedral de la ciudad de México. La comitiva de Anza y Olley Iquatequiche fue recibida por el virrey Bucareli en noviembre de 1776.

La solemne ceremonia religiosa del bautismo del jefe de los yumas y de tres indios que le acompañaban tuvo lugar el 3 de febrero de 1777 en la gran catedral de México de Santa María de la Asunción. Debió ser un momento emocionante cuando Olley Iquatequiche y los demás indios prncipales entraron en el templo con un traje azul, escarlata y oro, y una capa típica de Sonora, regalo del Virrey Bucareli.

Anza fue el padrino y Olley Iquatequiche recibió el nombre de Salvador Carlos Antonio y como apellido Palma. También fueron bautizados el hermano del jefe y dos indios principales.

Terminada la ceremonia, Anza se despidió para ir a su hogar en Sonora y estar con su esposa, a la que hacía tiempo no veía. Como reconocimiento a sus méritos Anza fue nombrado gobernador de la provincia de Nuevo México.

 

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Fuentes consultadas:

 

The anza expedition film. United States Department of the Interior, National Park Service (NPS)
La ruta de Juan Bautista de Anza. The Hispanic Council.
Los cinco caminos que son “NATIONAL HISTORIC TRAILS” DE ESTADOS UNIDOS. III. El “Camino de Juan Bautista de Anza”, (1775-1776).
Juan Bautista de Anza y Becerra, el primer explorador de la ruta Sonora- Alta California. José Colmenar.
Historia alternativa. Expedición de Juan Bautista de Anza (Mancomunidad Hispánica).
Colonización de la Alta California: primeros asentamientos españoles. Martha Orega Soto. Universidad Autómoma Metropolitana de Iztapalapa.
Revista de Historia. Juan Bautista de Anza y la exploracion de la Alta California.
Fraciscan Frontiersmen: How three adventurers chartd the west. 2017 by the University of Oklahoma Press, Norman, Publishing Division of the University.
Cartografía de los campamentos históricos de la expedición colonizadora de Anza. Emanuel Delgado, pasante de GIS, Departamento de Geografía de la Universidad Estatal de San Diego.
Las cartas de Anza Traducido y editado por Phil Valdez Jr.
La huella de España y de la cultura hispana en los Estados Unidos. Borja Cardelús. 2007. CCI.
Pioneros franciscanos. Robert A., Kittle. 2019.
El norte de Nueva España en tiempos de Calos III. Gabriel Rodríguez Pérez. Coronel de infantería, DEM. Revista de Historia Militar. 2001 nº 91.
El Sendero de Juan Bautista de Anza en el Valle Imperial.

 


5 respuestas a “La expedición Anza a California

    1. Muchas gracias Antonio, las palabras de personas a las que se admira, son las mas estimulantes. Supongo que tus hijos «californianos» estarán mas o menos enterados de la historia de la tierra donde viven. No hace tantos años, muchos españoles de uno y otro lado del atlántico morían allí defendiendo la causa de España, sirva este blog como homenaje y recuerdo.
      Feliz Navidad y un fuerte abrazo.

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      1. He tenido ocasión de conocer alguno de los sitios que comentas en California, que manifiestan el paso de nuestra Cultura por allí. Recomiendo visitar la Universidad de San Diego, de construcción relativamente reciente, pero que dedica un emotivo recuerdo a la Universidad de Salamanca y a la presencia de España.
        Te mando el encabezamiento de la respuesta de mi hijo: «Muchas gracias!!! Súper chulo el artículo»
        De nuevo te doy las gracias por el esfuerzo y trabajo que realizas.

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      2. Quien no se emociona con lo que hicieron los españoles en América, es que no conoce su historia. Por ello esta web pretende dar una oportunidad a todos aquellos que la ignoran. Me alegro mucho que también tus hijos estén interesados y disfruten con ella. Un fuerte abrazo Antonio.

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