Una historia de amor

Una historia de amor es la que vivieron Pedro de Valdivia e ines-suarez250px-pedro_de_valdiviaInés de Suárez en las tierras del Perú y Chile. Se conocieron en aquellas tierras en 1538 cuando él tenía 41 años y ella 31. Ambos eran de Extremadura y ese mismo año habían llegado al Perú.

Valdivia había partido de España en 1534 con la expedición de Jerónimo Alderete con destino a América y desembarcado en la isla de Cubagua (Venezuela). Estaba casado con Marina Ortiz de Gaete desde 1527, la cual se había quedado en España.

Inés de Suárez logró hacer el viaje a América en 1537, aunque en su época no se permitía que las mujeres viajasen solas. Ella quería reunirse con su esposo, Juan de Málaga, con quien se había casado en 1526 y que había partido al año siguiente hacia América para buscar fortuna.

ruta-inesInés, después de desembarcar en Maracaibo (Venezuela), se trasladó a Panamá y desde allí embarcó hacia Perú, donde le informaron de la muerte de su marido al servicio de Pizarro, en abril de 1538. Como viuda de un militar, recibió tierras en Cuzco y una encomienda por ello, y trabajó como costurera con apoyo de algunas indias que estaban a su servicio.

Valdivia también llegó al Perú en 1538, después de haber participado en varias exploraciones en Nueva Andalucía y Venezuela, y fué nombrado Maestre de Campo por Francisco Pizarro, siendo recompensado después de la guerra civil contra los almagristas con minas de plata en el Cerro de Porco (Potosí), y tierras en el valle de la Canela (Charcas). Cercana a esta encomienda se encontraba la parcela asignada a Inés de Suárez, a quien conoció entonces y con quien estableció una relación sentimental.

En 1539, Francisco Pizarro autorizó a Valdivia a explorar Chile como su teniente charcasudamerica-320x445de Gobernador, para lo cual intentó reunir dinero, hombres y pertrechos para la empresa. Finalmente logró reunir unos 70.000 pesos castellanos, suma escasa para la envergadura de la iniciativa, pues por entonces un caballo por ejemplo, costaba 2.000 pesos.
En cuanto a soldados, inicialmente sólo 11 se enrolaron en la aventura. Inés de Suárez también se apuntó a acompañarlo, vendiendo  sus alhajas y todo lo que tenía para ayudar a los gastos. Por entonces, su pasión por Valdivia la impulsó a seguirlo, convirtiéndose en un soldado más, destacando lo excepcional e inusualmente valeroso de que una mujer se uniera a un ejército conquistador.

Valdivia solicitó autorización para ser acompañado por Inés, lo que Pizarro le concedió mediante carta, aceptando que la mujer le asistiese como sirviente doméstico, pues de otro modo la Iglesia hubiese objetado a la pareja. En el viaje, Inés prestó diversos servicios a la expedición, por lo que fue considerada entre sus compañeros de viaje, según Tomás Thayer Ojeda (historiador chileno), como «una mujer de extraordinario arrojo y lealtad, discreta, sensata y bondadosa, que disfrutaba de una gran estima entre los conquistadores».

Los fragmentos que se conocen de su historia son herencia casi por completo de los cronistas del siglo XVI, entre ellos, Pedro Mariño de Lobera y Jerónimo de Vivar, quienes compartieron con ellos la expedición a tierras chilenas.

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Iglesia de San Francisco de Chiu Chiu de 1611

La expedición salió de Cuzco el 11 de enero de 1540, y durante el camino se fueron sumando mas expedicionarios hasta llegar a los 110 cuando acamparon en junio en Chiu Chiu. Fue entonces cuando llegó al campamento uno de sus socios, Pedro Sánchez de la Hoz, con intenciones poco claras. Acompañado de otros cuatro hombres, se acercaron con sigilo a la tienda donde suponían encontrar durmiendo a Valdivia. Al entrar en la morada a oscuras, advirtieron que en el lecho no estaba Valdivia sino Inés de Suarez, quien dió los gritos de alarma y reprendió con dureza a Pedro Sánchez, mientras éste se disculpaba nerviosamente. Ya despierto el campamento por el alboroto de Inés, acudió el alguacil de campo Luis de Toledo, deteniendo a los sospechosos. Cuando Valdivia se enteró de lo ocurrido, perdonó la vida a Sánchez a cambio de que renunciara a los beneficios de la empresa.

Antes de entrar en el desierto de Atacama, la expedición ya atacama3contaba con ciento cincuenta y tres hombres y dos clérigos, de los cuales 105 iban a caballo y 48 a pie, más el millar de indios de servicio, cuyo lento andar por la carga de los pertrechos determinaba el ritmo del avance.

Todavía les quedaban seis meses más a lo largo de la costa, padeciendo en tierras hostiles, ya que durante la travesía del desierto, sufrieron hambre y sed, sin vegetación y sin agua, atormentados por la desesperanza y los helados vientos. La tropa descubrió cuerpos momificados por el frío, que sirvieron como puntos de referencia en el camino.

En algún momento, ante la falta de agua Inés de Suárez mandó cavar a un yanacona «en el asiento donde ella estaba», y cuando había profundizado no más de un metro, 250px-aguadadonainesnasael agua brotó con la abundancia de un arroyo. El cronista Pedro Mariño de Lobera, lo describió así: «y todo el ejército se satisfizo, dando gracias a Dios por tal misericordia, y testificando ser el agua la mejor que han bebido la del jahuel de doña Inés, que así le quedó por nombre». Desde entonces ese lugar hasta hoy se llama Aguada de Doña Inés. Se encuentra sobre una quebrada de nombre Doña Inés Chica, a unos 20 km al noreste de El Salvador, y al pie de un monte conocido como Cerro Doña Inés, situado inmediatamente al norte del Salar de Pedernales.

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En diciembre de 1540, llegaron al valle del río Mapocho, donde fundaron la capital del territorio con el nombre de Santiago de Nueva Extremadura. Este valle era extenso, fértil y con abundante agua potable; pero se encontraba rodeado por indígenas de intenciones poco claras, por lo que debieron establecer la base entre dos colinas que facilitaban disponer posiciones defensivas, contando con el río Mapocho a modo de barrera natural.

El prestigio de Inés aumentaba cada día: había curado a los heridos y era una mujer devota a quien los hombres no dudaban en consultar ante situaciones difíciles. También intentó superarse día a día en lo personal, aprendiendo a leer y escribir. No dudó en fundar ermitas con unas pocas maderas y rocas, o en improvisar altares religiosos allí por donde las tropas pasaban. Nadie ignoraba que era la amante del jefe de la expedición, pero todos la respetaban, respeto que la propia Inés se  supo ganar en medio de una sociedad de hombres y valores religiosos muy arraigados. También supo crear una verdadera red de espionaje para defender a Pedro de Valdivia.

Fue de hecho, la primera europea que llegó a Chile, y de su participación activa en la defensa de la recién fundada ciudad de Santiago del Nuevo Extremo, no existen dudas.

Aprovechando la ausencia de Valdivia, la ciudad fue atacada por el cacique chileMichimalonco en 1541. El cronista Jerónimo de Vivar lo relata así: “en septiembre de 1541 encontrándose en Santiago del Nuevo Extremo con rehenes indios en un cuarto dentro del solar de Valdivia al costado norte de la plaza, puestos en cepo, y que el escuadrón rescatista quería entrar por su patio posterior, probablemente cerca de la actual esquina de las calles Puente y Santo Domingo. Los defensores lograban contenerlos, pero cada vez llegaban más indios de refresco, que se henchía (llenaba) el patio que era grande”.

Inés de Suárez, se encontraba en otra pieza de la misma casa, observando con creciente angustia el avance indígena, mientras curaba heridos. Se dio cuenta que si se producía el rescate, la moral engrandecida de los naturales haría más probable su victoria. Perturbada, tomó una espada y se dirigió a la habitación de los presos exigiendo a los guardias Francisco de Rubio y Hernando de la Torre, “que matasen luego a los caciques antes que fuesen socorridos de los suyos. Y diciéndole Hernando de la Torre, más cortado de terror que con bríos para cortar cabezas: Señora, ¿De qué manera los tengo yo de matar?” “¡Desta manera!”, y ella misma decapitó al que tenía mas cerca“.

Salió enseguida la mujer al patio dónde tenía lugar el combate, y blandiendo la espada ensangrentada en una mano y mostrando la cabeza del indio en la otra, gritó enfurecida: “¡Afuera, auncaes!, ¡Que ya os he muerto a vuestros señores y caciques!… Y oído por ellos, viendo que su trabajo era en vano, volvieron las espaldas y echaron a huir los que combatían la casa”.

Inés se vistió con cota de malla y casco, cubriéndose con un manto de piel de alce, y montó sobre un caballo blanco. Afirma un testimonio que “salió a la plaza y se dispuso frente a los soldados, enardeciendo sus ánimos con palabras de tan exaltadas alabanzas que la trataron como si fuese un valiente capitán, y no una mujer disfrazada de soldado con cota de hierro”. 20151117133915_00001Avivado el coraje de los españoles, éstos aprovecharon el desorden y la confusión causada entre los indígenas al topar con las cabezas decapitadas de sus líderes, logrando poner en fuga a los atacantes.

Años mas tarde, el mismo jefe indio Michimalongo reconoció personalmente el valor de Inés de Suárez cuando, en signo de paz, le ofreció una pluma, uno de los bienes más preciados entre la comunidad indígena por ser considerado mágico.

Pedro de Valdivia también reconoció el hecho con estas palabras:

«Por cuanto hicisteis que matasen los caciques poniendo vos las manos en ellos, que fue causa que la mayor parte de los indios se fuesen y dejasen de pelear viendo muertos a sus señores, que es cierto que si no murieran y se soltaran, no quedara español vivo en toda la dicha ciudad. Y después de muertos los caciques salisteis a animar los cristianos que andaban peleando, curando a los heridos y animando a los sanos».

Fueron ocho años de sufrimientos los que compartieron Inés de Suárez y Pedro de Valdivia. En la concesión de la encomienda, éste se mostró tan conmovido que la menciona en segundo lugar, tras Alonso de Monroy, y se dirige a ella diciendo: “porque vos, doña Inés Suárez, habitante de Santiago, habéis venido a mí a estas provincias para servir a Su Majestad, soportando duras labores y fatigas, tanto por lo largo del camino como por los encuentros que hayáis podido tener con los indios…lo que para los hombres habría podido ser muy duro de soportar, lo ha sido más aún para una mujer tan delicada como vos

Su relación hubo de terminar cuando Valdivia fue sometido a un juicio en Perú, del cual fue absuelto con la condición de abandonar a Inés.

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Pedro De la Gasca

El Virrey del Perú, Pedro De la Gascaclérigo y licenciado, y representante de la “Santa y General Inquisición”, había procesado a Valdivia en Lima “porque está amancebado con esta mujer, Inés Suárez, y duermen en una cama y comen en un plato”, entre otros cargos relativos a su gestión de gobierno. La sentencia del juicio de noviembre de 1548, aunque absolvía a Valdivia de las demás acusaciones, le imponía respecto del adulterio la siguiente obligación:

Que no converse deshonestamente con Inés Suárez, ni viva con ella en una casa, ni entre ni esté con ella en lugar sospechoso, de forma que cese toda sospecha de que entre ellos hay carnal participación, e que dentro de seis meses la case o envíe a estas provincias del Perú para que en ellas viva o se vaya a España o a otras partes, donde ella más quisiere“.

Después de volver Valdivia del juicio que se desarrolló en el Perú en 1549, Inés de Suárez quien le esperaba con ansiedad, recibió estupefacta e incrédula, de boca del mismo Pedro de Valdivia, lo acordado en la sentencia de De la Gasca, y que en caso de no cumplirla, sería excomulgado de la iglesia y la ordenaba casarse con uno de sus mejores capitanes, don Rodrigo de QuirogaInés de Suárez que entonces tenía 42 años,  acató la resolución y se casó con Rodrigo.

Rodrigo de Quiroga, llegó a ser Gobernador de Chile, extendiendo a su mujer el título de Gobernadora. Estuvieron unidos 30 años. En reconocimiento a sus méritos, Valdivia le había concedido a Inés varias encomiendas y una estancia y, como esposa de Quiroga, llevó una vida piadosa y se consagró principalmente a tareas relacionadas con la caridad. Parte de su capital, por expreso deseo suyo antes de fallecer, se empleó en la construcción del templo de la Merced y de la ermita de Montserrat en la capital chilena.

Valdivia por su parte enviaba a España por su esposa para establecer el hogar y la descendencia que correspondían a la dignidad de un gobernante. Pero la muerte se interpuso y Pedro de Valdivia murió en combate en 1553. Al llegar su esposa desde España se encontró con la fatal noticia, quedándose a vivir  en Santiago, donde murió en 1592.

Inés de Suarez murió en 1580 a los 73 años de edad, coincidiendo en el mismo año que lo hizo su esposo Rodrigo de Quiroga. El cronista Alonso de Góngora Marmolejo, amigo suyo lo describió así: “Era de buena estatura, la barba negra, cariguileño, nobilísimo de condición, muy generoso, amigo en extremo de los pobres, y así Dios le ayudaba en lo que hacía: su casa era hospital y mesón de todos los que la querían…”

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Plaza de Armas de Santiago en 1859. Joseph Selleny.

Inés de Suárez fue una mujer admirada en su tiempo, la consideraron una dama y se relacionaba con personas encumbradas de la sociedad. En Chile su nombre evoca la determinación, el coraje y la bravura de las mujeres criollas. Llegó a América siendo pobre, pero acabó sus días siendo una de las mujeres más influyentes de todo Chile. El amor jugó un papel fundamental en el desarrollo de su vida, por amor fue a América, por amor permaneció allí, y por esta misma razón fundó Santiago. También por amor acató la resolución de volver a casarse y por ese mismo amor ayudó a la viuda de Valdivia. Un amor que la llevó a la aventura, que comenzó como un sentimiento puro y a la vez oculto hacia un hombre prohibido, pero que terminó materializándose en una nación entera.

Isabel Allende dijo de ella, a propósito de su novela “Inés del alma mía:

En casi todos mis libros hay mujeres desafiantes, que nacen pobres o vulnerables, destinadas a ser sometidas, pero se rebelan, dispuestas a pagar el precio de la libertad a cualquier costo. Inés Suárez es una de ellas. Siempre son apasionadas en sus amores y solidarias con otras mujeres. No las mueve la ambición sino el amor; se lanzan a la aventura sin medir los riesgos ni mirar hacia atrás, porque quedarse paralizadas en el sitio que la sociedad les designa es mucho peor. Al hacer la investigación, cuando leí entre líneas en un libro de historia sobre Inés Suárez , era el tipo de personaje que normalmente debo inventar, pero comprendí que nada que yo imaginara podría superar la realidad de esa vida. Lo poco que se sabe de ella es espectacular, casi mágico.” (La suma de los días, P.323).

En la misma novela, describe a Pedro de Valdivia como un conquistador fornido, de buen porte y sin cicatrices; es un héroe romántico, agigantado y embellecido por la perspectiva de una mujer vulnerable.

 

http://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/suarez_ines.htm

http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-100653.html

https://es.wikipedia.org/wiki/In%C3%A9s_de_Su%C3%A1rez

http://historiagastronomia.blogia.com/2014/082701-historia-de-ines-de-suarez-31-40-.php

https://extremenosilustres.wikispaces.com/In%C3%A9s+Su%C3%A1rez

http://pueblosoriginarios.com/biografias/suarez_ines.html

http://muveex.es/ines-suarez-una-intrepida-extremena-a-la-conquista-de-chile/

http://www.lehman.cuny.edu/ciberletras/v21/lorentemurphy.htm

http://www.rutaschile.com/Destino-Detalle.php?D=45

http://pueblosoriginarios.com/biografias/ulloa.html

 

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